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El Liderazgo y la (auto)exigencia

Se terminó el 2024, empezó el 2025. Balances, cosechas, definiciones, objetivos… ¡y todo el burnout acumulado que ni te cuento! Cervicalgias, bruxismo y acúfenos, y ¿a vos qué te trajo Papá Noel?

Desde hace ya un tiempo que vengo trabajando en mi marca personal y a pesar de haber hecho muchísimas cosas, siento que no fue suficiente. Que tendría que haber logrado muchas más cosas. Y me falta el aire y me cuesta respirar cuando lo pienso. Y se me contractura toda la zona cervical entonces me digo que necesito descansar y no pensar en nada. Y luego el círculo vicioso comienza de nuevo, porque cuando descanso me siento culpable por no estar haciendo nada de la lista interminable de cosas que quiero hacer…además de trabajar de 9 a 18.

¿Cuántas veces nos vemos envueltos en la vorágine del hacer más y mejor? ¿De estar haciendo siempre algo? Se habla de productividad, eficiencia y eficacia … y ahora encima que tenemos a la IA como aliada tenemos que ser todos súper productivos, eficientes y eficaces, ¿no?

Reflexionando sobre esto me di cuenta que puedo contar con los dedos de una mano cuántas veces algún jefe me preguntó cómo estaba. Y no me refiero a la pregunta genérica de todos los días a la que todos respondemos como IAs entrenadas “bien”. Sino una pregunta sincera, desde la atención plena y la escucha activa. No los culpo, hace falta mucho coraje para tener esas conversaciones…y para tener coraje, como demuestra Brené Brown en su libro “Dare to Lead”, hace falta ser vulnerable. Y quién quiere ser vulnerable, ¿no?

¿Cuántas veces les preguntamos a nuestros equipos cómo están? ¿Sabemos qué cosas están atravesando en sus vidas? ¿Analizamos la carga de trabajo de las distintas personas de nuestros equipos? ¿Somos conscientes de los límites entre productividad y sobrecarga?¿Somos capaces de identificar cuando una persona está sobre exigida? Y quizás lo más difícil: ¿somos capaces de identificar si es autoexigencia o la presión es externa?

No soy psicóloga así que no voy a meterme en las profundidades de la autoexigencia, pero esta semana quiero invitarlos a que hablen sobre esto con sus equipos, que les pregunten cómo se sienten, y, si se animan, les digan a sus jefes cuáles son sus límites y qué necesitan. A veces sólo se necesita frenar y reorganizar un poco el trabajo. A veces…

Cuando estaba en segundo grado del colegio Miss Joyce nos enseñaba poesía, y una de ellas me quedó grabada hasta el día de hoy y quiero compartirla con ustedes para reflexionar un poco sobre la exigencia, y también sobre la culpa que a veces genera el descanso. El poema en cuestión es “Leisure” de William Henry Davies cuya traducción al español es Ocio y el verso final dice:

“Pobre vida ésta es, sí llena de preocupaciones, no tenemos tiempo para detenernos y contemplar.” No sé ustedes, pero yo concuerdo totalmente. Y creo que no sólo se trata de contemplar el paisaje o lo que tenemos alrededor, sino de detenernos y contemplar lo que hemos logrado hasta ahora, todo el trabajo que hemos hecho y celebrarnos. Celebrarnos y saber que somos suficientes, que no necesitamos hacer más y mejor. Celebrarnos y estar abiertos al aprendizaje de las experiencias, porque, para mí no hay aprendizaje sin contemplación.

Les propongo un ejercicio que a mi me está dando resultado cuando siento que tengo que hacer más y más: pueden usar sus agendas, diarios, journal o papelitos sueltos: al final de cada día escriban qué cosas aprendieron y qué agradecen al respecto. No hace falta que sea algo grande, los pequeños aprendizajes cuentan. En una semana van a tener por lo menos 7 cosas, después de un mes 30…¡imagínense después de un año!

Así que en este 2025, brindemos por menos autoexigencia y más conversaciones humanas.

Nos leemos la próxima semana.

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